La Universidad Panamericana y su escuela de negocios, el IPADE, reconocieron por el bien realizado para toda la sociedad, la formación de personas y el progreso de los conocimientos en centros académicos de altos estudios, a:
- Kim Clark, Dean de la Harvard Business School.
- Manuel Senderos Irigoyen, presidente fundador del IPADE y creador del Grupo Desc.
- Obdulia Rodriguez, profesora de la facultad de medicina de la Universidad Panamericana.
- Alejandro Llano Cifuentes, profesor y director del Departamento de Filosofía de la Universidad de Navarra.
Doctor Honoris Causa es el más preciado reconocimiento que una universidad puede ofrecer a un académico, científico o in-telectual. Un ritual de dignificación mutua y de compromiso ante testigos de excepción, que corona el esfuerzo y la entrega de toda una vid a favor de las mejores y mas nobles causas humanas.
Liderazgo, valores y educación en un mundo atribulado
Por Kim B. Clark
Vivimos en una época de grandes confusiones y tribulaciones en el mundo. Fuerzas poderosas están creando nuevos retos, oportunidades importantes y riesgos mayores. Las nuevas tecnologías están cambiando nuestra forma de vivir y trabajar; los cambios demográficos y la disponibilidad de información incrementan la demanda de productos y servicios nuevos; las variaciones en la estructura geopolítica están creando nuevas fuentes de demanda y abastecimiento en un mundo en el que los negocios se han convertido en una fuerza dinámica (si no es que la más dinámica), de la sociedad.
Es especialmente en esta época en que los negocios son tan importantes por su influencia y que los riesgos y oportunidades son tan significativos, que necesitamos líderes empresariales con bases firmes y apoyados en valores fuertes, que inspiren confianza en los otros, no sólo por su competencia, sino por su carácter.
En el mundo futuro que veo, de tribulaciones e incertidumbre, hay oportunidades repletas de riesgos y recompensas. Necesitamos líderes que den importancia a la excelencia para crear organizaciones en las que las personas prosperen en la creación de valor a largo plazo, tanto para clientes como para inversionistas.
Necesitamos líderes que no sólo entiendan el objetivo más importante de la empresa, sino también los principios y estándares que le llevarán al éxito; dirigentes cuyo comportamiento se adapte y refuerce esos valores. En pocas palabras, necesitamos líderes con integridad, virtud que va más allá de ser honesto, aun cuando ese es, ciertamente, su significado. El concepto es más profundo: hacer coincidir lo que dicen con cómo actúan; ver que tienen valores, estándares y principios sólidos y actúan conforme a ellos de manera consistente, sin falla, en público y en privado. La integridad es un asunto de carácter personal. No es algo que se enciende y apaga. No se puede ser un líder con integridad si se actúa de una forma en el trabajo y de otra en casa. Por ejemplo, si un líder falla en su respon-
sabilidad con la familia, aquellos que más le deben preocupar, ¿cómo podemos
confiar en que se hará responsable de las personas que emplea? Si él asegura que las personas son su mayor prioridad y no dedica tiempo a sus propios hijos, ¿por qué hemos de creer en sus promesas
laborales? Si apoya la honestidad y la transparencia en la compañía, pero es deshonesto en el trato con su familia, sus palabras suenan falsas. Como acotación, debo admitir que tengo opiniones firmes al respecto. Creo decididamente en la importancia de la familia.
Cada año, en la ceremonia de graduación, me dirijo a 900 graduados y hablo acerca de las oportunidades en su futuro. Les menciono dos cosas acerca de su relación entre el trabajo y la familia: 1) ningún éxito comercial puede compensar un fracaso en casa; y 2) algunos de los aspectos más importantes del trabajo que harán serán dentro de los muros de su casa. Mi consejo es que primero inviertan en su hogar.
Para inspirar seguridad y confianza en quienes los rodean, los líderes deben vivir los valores que predican, los cuales se vuelven realidad en las organizaciones que dirigen porque las personas actúan conforme a ellos y los viven también.
Así, lo que los líderes hacen es crucial dentro de la empresa. Pero también influyen más allá de sus oficinas y compañías: afectan la seguridad de nuestro sistema económico. Somos afortunados de tener muchos, muchos de esos líderes, pero necesitamos más...
Entonces, ¿cómo fortalecemos la integridad de los líderes empresariales? Esta pregunta seguramente será respondida en juntas de consejo, oficinas corporativas, pasillos y salas de juntas en todo el mundo. Pero también debe ser contestada en las aulas de nuestras universidades y, especialmente, en las escuelas de negocios. Es por eso que creo que todas las personas relacionadas con la educación de líderes tienen la responsabilidad de participar e involucrarse en el fortalecimiento de la integridad de los líderes empresariales.
Permítanme decirles cómo me siento acerca de la responsabilidad que tengo. La misión de la Harvard Business School es educar la clase de líderes que les he mencionado aquí. El mundo, como lo conocemos, necesita líderes más sanos y fuertes, individuos que entiendan el valor de la integridad y la importancia de la seguridad en su trabajo.
Hace seis años, en la Escuela de Negocios de Harvard, lanzamos una iniciativa sobre liderazgo y valores. Nació de la convicción de que necesitábamos hacer más explícitos y evidentes en la comunidad nuestros compromisos y valores; esto debido, específicamente, a las fuerzas en el trabajo y a los retos que se desarrollan en el mundo.
Nuestro trabajo ha incluido la articulación de valores que consideramos medulares para el liderazgo y el aprendizaje e integridad, respeto a los demás y responsabilidad personal, haciéndolos evidentes en nuestra comunidad y esenciales para la vida en el campus, y enseñando a nuestros alumnos el importante papel que la integridad y los valores tienen en el trabajo de liderazgo.
Con un sólido fundamento en la investigación, desarrollo del curso, enseñanza de la ética y responsabilidad, liderazgo y dire-
cción, hemos creado nuevas iniciativas de investigación, desarrollando programas educativos e iniciado un importante curso en nuestro plan obligatorio llamado "Liderazgo y Responsabilidad Corporativa".
Como institución dedicada a la formación de líderes, nuestra responsabilidad es: sumergirnos profundamente en estos temas; crear un profundo conocimiento con fuerza y práctica, y formar generaciones de alumnos que vean, entiendan y sientan la importancia de estos tópicos. Por lo tanto, creo que tengo la respon-
sabilidad de hacer todo lo que pueda para convertir a la Harvard Business School en un modelo vivo de los más altos niveles de excelencia, integridad, responsabilidad y respeto por los demás.
Estoy personalmente comprometido en hacer todo lo que pueda y a utilizar cada porción de creatividad y habilidad que tengo para hacer de la Harvard Business School un lugar vibrante, innovador y con principios, una escuela comprometida con la integridad, que se ganará la confianza y el respeto de la sociedad a la que sirve.
Ese es mi compromiso, gracias.