El recibimiento me hizo sentir como si siempre me hubieran esperado. Al sentarme a la mesa de teppanyaki, empecé a sentirme en paz; las prisas y las tensiones se disuelven ante la sencillez y sobriedad de la decoración: estilo "zen", negro y blanco. El comedor es amplio, no se escuchan conversaciones ajenas, cada mesa es una unidad de intimidad.
Tomaba el primer sorbo de mi Margarita de Midori (con licor de melón) cuando comenzaron las luces. Verde, violeta, azul: el comedor cambiaba con la danza de colores de las campanas blancas sobre las mesas de teppanyaki. Como floreros con flores siempre frescas y cambiantes. Nunca había visto algo así en México.
Me di cuenta entonces que la sensación que me invadía al estar ahí era justamente lo que significa Shu: Sophisticated Hospitality Unit. Sentirse acogido en un lugar especial y sofisticado, a la vez sencillo y elegante. Es realmente único.
Llegó la comida. El Chef hacía gala de pericia y discreción en la plancha de teppanyaki, mientras nuestros anfitriones, Yoko Kase (Gerente General de Restaurantes Suntory) y Ricardo Rivera (Gerente de Shu) nos comentaban el menú y la filosofía de Shu: "El amor al servicio es una característica imprescindible en nuestro personal". Esta filosofía ha influido también en el menú. Por ejemplo, existe un platillo llamado Hifukidori, que consiste en pollo frito en chile de árbol, papa cambray y ajo italiano. Por peticiones de clientes, actualmente puede elaborarse con robalo, pollo o langosta de Maine".
Esta personalización y excelencia en el servicio es lo que contribuye a que se hayan superado las expectativas: debe reservarse, por lo menos, una semana antes y hay quienes esperan hasta dos horas para tener una mesa en el comedor. (Después de haber estado allí, creo que cualquier espera vale la pena).
La primera sorpresa del menú fue un auténtico fondue de tempura, fruto de una cocina, fusión japonesa con internacional y mediterránea, obra del Chef japonés Mashajiko Muto. A continuación, sushi Super Crunch, una exquisitez con anguila. El Hifukidori de pollo llegó a la mesa, destacando por el hermoso color rojo brillante del chile de árbol (naturalmente, platillo fusión con la cocina mexicana). Después el Teppanyaki de rib-eye importado, corte delgado. El primer bocado de rib-eye, prácticamente se deshizo en mi boca. Constaté también que el chef servía a cada persona el término solicitado en cuanto a la cocción de la carne.
Mientras comíamos, y al observar el comedor lleno de rostros sonrientes, me vino a la mente la explicación que acababa de escuchar de Yoko: "el kanji o símbolo japonés con el que se representa la palabra Shu, significa punto de reunión".
Finalizamos la comida con un postre consistente en Créme Bruleé de tres variedades: ajonjolí, té verde y jengibre. Una creación exótica y delicada a la vez. Excelente final.
El Shu también cuenta con un bar independiente. Conocer el bar fue una experiencia distinta. Colores, movimiento, modernidad y elegancia. El diseño responde al concepto llamado "miyabi", que significa lujo antiguo japonés. Lujo que se refleja, principalmente, en los salones VIP destinados a comidas de negocios y eventos privados (es necesario reservarlos con anticipación). Telas de kimono importadas cubren las paredes, logrando una armonía cromática elegante y sofisticada.
El bar es frecuentado por jóvenes desde los 25 hasta los 35 años, aproximadamente. Se pueden disfrutar bebidas, botanas e incluso comidas completas en la sección del lounge. Los jueves, viernes y sábados se disfruta de música de saxofón y percusiones, mientras que, en la semana, un DJ está a cargo de la ambientación.