Ésta es una empresa cuyo enunciado de misión es una constitución, que funciona con su propio dinero y su himno nacional, que sienta en su Consejo a niños de entre 6 y 13 años, y que equipa a sus clientes con un pasaporte y con un rato de educación que ellos toman como diversión. La Ciudad de los Niños, que al crecer se está convirtiendo en todo un país, Kidzania, es el sueño de Xavier López Ancona, alguien así como un modelo de emprendedor.
"Creo que la mayoría de la gente, al terminar el MBA, tiene la conciencia de ser emprendedor, de tener un negocio. Pero hacer la diferencia no es sólo hacer negocio con el dinero: se trata de algo que va más allá, dejar huella, sobresalir, ponerte una meta y lograr algo. Eso es parte de nuestro perfil, estamos abiertos al riesgo." Xavier habla con energía y con un entusiasmo contagioso: se nota que disfruta lo que está haciendo, que él es el primero en divertirse con la Ciudad de los Niños. Como buen emprendedor, busca cómo llegar más lejos, cómo expandir el concepto.
El inicio de la aventura
La historia es bien conocida: Xavier dejó un trabajo envidiable, como Director del área de Capital de Riesgo de General Electric, cuando un amigo le propuso la idea. Es claro, a los emprendedores les encanta el riesgo, ¿cierto? "Es posible que tengamos un umbral de tolerancia al riesgo más alto que los que no son emprendedores", dice; pero inmediatamente aclara cómo se aseguró de poder regresar a su trabajo si es que la Ciudad de los Niños no funcionaba, cómo trabajó en paralelo, por las noches, dándole forma al concepto, y cómo se tomó todo el tiempo necesario para hacer un plan de negocios cuidadoso y detallado, para asesorarse con buenos abogados, para estudiar casos similares, y para conseguir, algunos a título pro bono, a los mejores profesionistas de cada área de la nueva empresa: arquitectos, consultores, investigadores de mercado, etc.
"La verdad es que el mundo no para de buenas ideas. Lo importante es aterrizar la idea buena en un plan de negocios, darle sentido, bajarla a un modelo financiero, a conocer tu mercado, tu industria, las tendencias, qué es lo que está pasando, conocer a tus consumidores." Los expertos que los asesoraron estimaban que la Ciudad de los Niños recibiría, en su primer año, alrededor de 400,000 visitantes. Xavier fue el primer sorprendido cuando recibieron a 760,000.
"Como ninguno de nosotros venía de la industria del entretenimiento ni sabía de paradigmas, nos atrevimos a romper todas las reglas." Por ejemplo, invitaron a los patrocinadores a correr el riesgo con ellos desde el principio, asegurándoles que sería más barato participar antes de que abrieran que después. "Cuando empiezas, tienes que ser muy creativo en la parte financiera. Desafortunadamente, México no tiene una estructura para financiar proyectos de este tipo. Lo primero que hace un emprendedor es meter sus ahorros... yo tenía 34 años cuando empecé con esto, así es que no podía tener mucho." Los bancos sólo se interesaban por saber quién pagaría si ellos no podían hacerlo, "no se preocupaban de analizar tu negocio. Aquí hay oportunidades para empresa de entretenimientos con cierto reconocimiento; no para una idea nueva que no tenga un grupo detrás".
El siguiente paso fué encontrar a la gente que fuera capaz de pasar del sueño a la realidad, y para eso hablaron con los grandes expertos, tanto en el país como en el extranjero, con los arquitectos y creadores, con consultores, con personas que tuvieran experiencia en la industria del entretenimiento y en la educación de los niños. Pero no bastaba que fuera gente con muchos conocimientos: era indispensable que tuvieran credibilidad. "Lo malo de ser emprendedor es que se piensa que, quienes lo son, son grandes jefes, con muchísimo dinero... Nosotros éramos dos personas que atrás no teníamos ninguna empresa y estábamos hablando de algo totalmente nuevo... era un ideal. Por eso teníamos que ofrecer mucha credibilidad, ser muy creativos para negociar con las personas que nos podían ayudar, los abogados, los consultores".
Al oír la historia, ya con un éxito de años detrás, las cosas van sonando lógicas; las secuencias, inevitables. Pero más allá del éxito inicial, también el crecimiento y la sostenibilidad de la empresa necesitan un talento poco común. "Como emprendedor, al principio dependes mucho de tí mismo, está en tus manos el que las cosas se hagan y funcionen. De repente empiezas a crecer y te das cuenta de que no lo puedes hacer todo tú. Nosotros éramos sólo dos, y al principio yo fui a comprar los muebles y los pañuelos desechables de la oficina. Empezamos de la nada, en un espacio muy pequeño. Cuando empiezas a crecer, creo que lo que más ayuda es el equipo que formes. Mi impedimento para crecer más rápidamente es tener un equipo de trabajo que vaya al mismo ritmo, porque siempre los emprendedores quieren hacer las cosas más rápido. Pero cuando necesitas una institución detrás, una organización que te apoye en todo lo que estás haciendo y en las puertas que vas abriendo, ya no puedes ir tan rápido. El equipo de trabajo es indispensable: gente ejecutora, similar al fundador, que no es fácil de encontrar."
EL SEGUNDO ACTO
Kidzania, la nación en la que se ha convertido la Ciudad de los Niños, va a abrir en Monterrey en menos de seis meses. La va a seguir la Ciudad Vial, en Cuicuilco en 2006, "la idea es ampliar el tema hacia la educación vial y al medio ambiente. Se trata de un concepto mucho más educativo, y esperamos contar con más patrocinadores." Luego, viene lo que parece ser una avalancha de proyectos, literalmente por todo el mundo: "Nuestra segunda etapa de crecimiento será a través de franquicias. Hemos gastado mucho en institucionalizarnos, en hacer manuales, en proteger la propiedad intelectual; pero, al final, la inversión más fuerte es en construcción. Las franquicias te dan mucho dinero, no haces ningún gasto y tienes cero riesgo. Ya tenemos una ubicación privilegiada en Tokio", y están hablado con socios potenciales en Singapur -que les abrirían puertas en siete países asiáticos y cuatro del medio oriente-, en Madrid, en Corea, en Colombia y, eventualmente, en los Estados Unidos.
Una pregunta obligada es por qué se han tardado tanto para entrar al mercado de Estados Unidos. La historia, para Xavier, ha sido larga y costosa. Después de un par de años trabajando en el concepto y oyendo propuestas, y gracias a la honestidad de sus socios norteamericanos, decidieron que aquél no era buen momento para entrar. Con más experiencia y en una posición más sólida, en una etapa nueva de la compañía, volverán a intentarlo.
"Sentimos que tenemos en las manos un negocio con un impresionante potencial de crecimiento. Si tienes la ventaja de ser el primero, ya tienes un nombre que puede prender mechas. Para nosotros, los siguientes dos años serán clave. Estamos en un proceso de institucionalizarnos, debemos compartir todos nuestros procedimientos, procesos, contenido." Su nueva marca, Kidzania, corresponde a esta etapa: una nación de niños. Una propuesta integral con mejoras tanto de contenido como en la experiencia misma, donde todos los pabellones se han ajustado al tamaño ideal, y donde los patrocinadores participan de manera directa, en un esquema más tradicional.
La filosofía empresarial de Xavier
¿Ha habido errores en este proceso? Xavier contesta con buen humor que ha cometido muchos. "Uno de ellos tiene que ver con los tiempos: tienes que ser muy honesto con los tiempos de la inversión, es lo que más te cambia". También recomienda tener mucha empatía entre los socios: "nosotros conocimos a nuestro primer grupo de socios un día y 21 días después estábamos firmando una asociación que eventualmente se desintegró; eso nos quitó algo de enfoque para la parte de crecimiento, muchos recursos." Pero aclara que lo más importante es la gente, "hacerse de magníficos equipos de trabajo, interno y externo. Es difícil ser emprendedor y contratar gente buena. Siempre hay buenas ideas, estrategias, planes, etc., pero el recurso más importante no es el financiero, sino la gente".
Tratándose de una empresa dirigida a los niños, aparece la cuestión de la responsabilidad social, el tema del consumismo. "Lo que hacemos es replicar la vida real, nunca cruzamos esa línea. Los niños ven marcas todo el tiempo de camino a la escuela y a la casa. No vamos más allá... En segundo lugar, aparte de lo comercial, le estamos dando una parte educativa al niño: enseñarle en la escuela la función del trabajo es prácticamente imposible, mostrarle cómo funciona la economía también lo es. Aquí lo experimentan jugando; creo hay más beneficios que las cosas que puedan afectarlos".
Xavier ya demostró lo que tenía que demostrar como emprendedor y está a punto de encabezar un imperio que va a incluir, además de Kidzanias en varios países, una ciudad virtual y un club de niños que incluye revistas e Internet. ¿Qué ha tenido que reinventar en su estilo gerencial? "Tengo que cambiar muchas cosas, encontrar a la gente adecuada, para los puestos indicados, lo cual no es nada fácil. Yo mismo tengo que cambiar: me cuesta mucho delegar, debo confiar en la gente que labora conmigo y considerar que lo perfecto es enemigo de lo bueno".
Pero Xavier va más allá del negocio: "No lo cacareamos mucho, pero trabajamos constantemente con instituciones como UNICEF, Visión Mundial, Educa y otros. No somos un muy buen mecanismo como para levantar fondos, pero sí para concientizar. Vamos a estar con la AFI, para que los niños aprendan la importancia de la seguridad y de la denuncia. Estamos lanzando algo con Nestlé, con nuestros trabajadores: todos los días, a las 200 camas del hospital Rojo Gómez para niños con enfermedades terminales, llevamos algún tipo de entretenimiento -libros para colorear, música, DVDs, etc."
¿Qué le recomendaría Xavier a alguien que esté pensando salirse de su trabajo para emprender? "Que se vayan a algo seguro, con una buena idea y mercado. Que hagan mucha investigación, que no se adelanten ni se apresuren: primero deben estar seguros de lo que puede pasar. Que inviertan tiempo, esfuerzo y dinero en medir la oportunidad, ver si tiene sentido o no. Económicamente, ser emprendedor es difícil: recibías un sueldo, y cuando emprendes, no sólo no lo recibes, sino que tienes que poner de tu bolsa".
Con el éxito, ha llegado una etapa diferente. Convertirse en administrador, pensar en un negocio a punto de volverse global. Dejar de jugar con el concepto, que es lo que lo divierte, para ponerse a pensar como gerente. Sin embargo, a todas luces, Xavier lo sigue disfrutando; y claramente, nunca va a dejar de involucrarse en las ideas y los conceptos que han hecho de la Ciudad de los Niños ese negocio que tantos han querido imitar, pero cuyo éxito nadie ha logrado replicar.