El Grupo Carso, uno de los más admirados en nuestro país, ha dado a conocer algunos de sus principios guía, y nos dejan ver grandes lecciones sobre la responsabilidad social que tiene el empresario consigo mismo y con todas las partes legítimamente interesadas. Estos principios de acción muestran una forma de hacer y de ser. Sirven para crear una cultura empresarial más inteligente, más optimista, y también más cercana a una forma humana de llevar a cabo negocios de clase mundial y, por lo tanto, a contribuir en la construcción de una civilización más humana en el mundo globalizado. Quizás ésta sea una de las grandes contribuciones que México está llamado a hacer dentro de la globalización, la de promover una economía mundial al servicio del hombre.
Con sólo algunos de estos sencillos, pero contundentes principios de Carso, podemos pronosticar que, sin duda, inspirarán a empresarios, hombres de negocios, emprendedores, escuelas de negocios, y a todos los interesados en entender el rol y la responsabilidad real de ser empresario: Tener austeridad en tiempos de vacas gordas; no limitar la empresa a la medida del propietario o del administrador; el empresario tiene la responsabilidad de administrar eficientemente la riqueza; aplicar la creatividad empresarial no sólo a los negocios sino también a la solución de muchos problemas de nuestros países; el optimismo firme y paciente siempre rinde sus frutos; hacer de la responsabilidad un gusto más que una obligación y que contribuya al desarrollo humano. Nos vamos sin nada, sólo podemos hacer las cosas en vida, el empresario es un creador de riqueza, a la cual sólo administra temporalmente.
El rol de la empresa en la sociedad
Si la actual cultura del mercado global se enfocara en promover integralmente al ser humano, entonces tendría lugar una verdadera civilización empresarial. Si reflexionamos con mayor profundidad sobre el desarrollo económico y el empleo en México, entenderemos que, en el marco cultural y social de nuestros tiempos, la empresa juega un papel clave que no puede ser reducido a la producción de bienes y servicios. Es una comunidad humana que debe practicar y transmitir una manera de ser y de hacer.
Los roles, los derechos y las responsabilidades del empresario pasan necesariamente por una propuesta más integral que las posturas triviales comúnmente expresadas en la prensa y textos sobre los negocios.
Los derechos del empresario incluyen que sean respetados su derecho natural a la propiedad privada y su libertad, pero implican la responsabilidad de ser productivo y multiplicar la riqueza. Si partimos de que la legítima posesión de la propiedad privada cuando es productiva, (cuando no es ociosa), incentiva el crecimiento empresarial, y esto exige al empresario ser profesional, ordenado e institucional en la empresa, para contar con el acceso al capital que proyectará la multiplicación de la riqueza y el empleo a escalas globales, entenderemos que, efectivamente, no hay que limitar la empresa a la medida del propietario o del administrador.
En nuestro país, algunas corporaciones han dado el gran paso de estructurarse como tales, y se han lanzado a conquistar otros mercados internacionales; sin embargo, la multiplicación de la riqueza en la mayoría del sistema empresarial nacional tiene barreras importantes: La carencia de estructura corporativa, la falta de apreciación del valor de convocar socios y de una cultura de crecimiento más allá de las posibilidades del empresario, (que justamente se facilita con administradores entrenados formal y profesionalmente en escuelas de negocios y con la apertura de las empresas a los mercados de capitales). Estos límites frenan las condiciones que mejorarán el acceso a la propiedad privada para muchas más personas en el país.
El empresario profundamente humano debe:
- Multiplicar la riqueza y las inversiones,
- Hacer más participativa la gestión de sus empresas, y
- Mejorar las condiciones de acceso a la propiedad privada.
VocaciÓn empresarial y su inherente responsabilidad social
Partiendo del principio que afirma la inviolable dignidad de la persona humana, y por lo tanto de su libertad, intuimos que en ningún caso la persona humana puede ser instrumentalizada para fines ajenos a su mismo desarrollo.
En un primer orden de ideas, la libertad es un don y una tarea a la vez. El hombre ejerce su libertad en la verdad, eligiendo y cumpliendo el bien verdadero en la vida personal y familiar, en la realidad económica y política, en el ámbito nacional e internacional.
¿Y en la empresa, cómo se debe actuar tomando como base estos principios y valores? El principio fundamental de la actividad económica, es que ésta debe servir al hombre, a todo el hombre. Esto nos invita a cultivar una visión de la economía inspirada en valores morales para realizar un mundo justo y solidario.
La propiedad privada y pública debe estar predispuesta para garantizar una economía al servicio del hombre. La propiedad, los bienes, aun cuando son poseídos legítimamente, conservan siempre un destino universal. El principio del destino universal de los bienes, (de su uso), nos hace reconocer la función social de cualquier forma de posesión privada. La llamada hipoteca social de la propiedad privada, en donde toda forma de acumulación indebida es inmoral, ya que las riquezas realizan su función de servicio al hombre cuando son destinadas a producir beneficios para los demás y para la sociedad. Así se entiende plenamente la vocación empresarial, porque la eficiencia económica y la promoción de un desarrollo solidario de la humanidad son finalidades estrechamente vinculadas, más que separadas o alternativas.
La Economía tiene como objeto crear y multiplicar riqueza, cuantitativa y cualitativamente, y es en el sistema de libre empresa donde la creatividad humana se optimiza para lograr ese objetivo. Entonces la empresa debe caracterizarse por la capacidad de servir al bien común de la sociedad mediante la producción de bienes y servicios útiles, y así entendemos que la empresa desempeña también una función social, creando oportunidades de encuentro, de colaboración, de valoración de las capacidades de las personas implicadas. Por lo que la vocación de la iniciativa empresarial, reúne la inteligencia humana y la exigencia de responder a las necesidades de la sociedad con creatividad y en colaboración con otros.
Hay muy buenas señales en nuestro país, dentro del sector privado, para transmitir estos conceptos a favor de la verdadera responsabilidad empresarial a la economía globalizada, pero también necesitamos entender mejor la cultura empresarial que existe en otros países y que permite abrir más las estructuras empresariales para que los modelos de negocios emprendidos sean potencialmente más grandes.