Recientemente tuve una conversación con un amigo, en relación a la dificultad de algunas personas para promover su carrera profesional. Ambos coincidimos en que algunas personas parecen tener el toque de Midas, pues sus carreras siempre son ascendentes y se involucran en trabajos y compañías que les gustan y donde triunfan. Por otra parte, existe otro grupo que constantemente tienen dificultades para destacar en sus empresas y que no participan en proyectos que capitalicen en sus habilidades. ¿Son las habilidades y talento la diferencia, o existen otros elementos en juego?
A esta situación la llamo el “Dilema de Van Gogh”.
Me explico. Vincent Van Gogh es reconocido como uno de los más grandes pintores que el mundo ha conocido. Sus cuadros alcanzan cantidades estratosféricas en subastas, y su obra se exhibe en los mejores museos del mundo ante multitudes que lo admiran. Y sin embargo, Van Gogh no vendió un solo cuadro en su vida. Uno solo. Fué su hermano Theo quién lo mantuvo durante toda su vida. Ningún corredor de galería, coleccionista, o amante del arte le permitió llevar una vida digna por medio de su arte. Su vida fué muy dura, con un triste final.
En contraparte, podemos pensar en otro destacado pintor: Salvador Dalí. ¿Un gran artista? Quizá. ¿Un genial innovador? Posiblemente. ¿Un rotundo éxito comercial y reconocimiento mundial en vida? ¡Indudablemente! Si bien hay críticos que lo consideran un brillante pintor, existen otros que lo identifican más bien como un muy buen ilustrador, y un pintor aceptable que utilizó técnicas e ideas de otros artistas más talentosos. En lo que todos concuerdan, sin embargo, es que fué un estupendo comunicólogo, un artista que manejó su carrera con inusual brillantez, y que logró una posición de reconocimiento mundial y un éxito económico extraordinario. La diferencia del éxito entre Dalí y Van Gogh no parece radicar en la técnica o el talento, sino más bien en sus estrategias de vida.
Estoy convencido de que todos tenemos dentro de nosotros las habilidades y el potencial para cumplir nuestra misión personal, cualquiera que esta sea. Sin embargo, el hecho de tener talentos y habilidades personales y profesionales no nos garantiza el éxito. Tenemos que trabajar de manera consciente para identificar nuestra meta o misión personal, la que nos permitirá ejecutar una carrera profesional más plena y satisfactoria
Sobre este tema, quisiera compartir algunos aprendizajes que he rescatado de lecturas y pláticas con gente que ha destacado en la profesión que escogieron.
1. Encuentra tu pasiÓn.
¿Qué es lo que realmente disfrutas hacer? ¿Para qué actividades tienes una facilidad natural? Este proceso requiere de mucha introspección y honradez personal. Debes encontrar tus habilidades, tus talentos y tus áreas de oportunidad. Debes preguntarte si en vez de tener a Carlos Slim o a Lorenzo Zambrano como role-models deberías de pensar en Steven Spielberg o al chef Adrián Ferrá como personajes a imitar. Lo importante es decidir qué quieres hacer con tu carrera, capitalizando en tus fortalezas naturales, y evitando tus debilidades. Identificar tu vocación es lo primero para armar tu plan de vida.
2. Escribe tu meta.
Una meta es un sueño con un plazo fijo. Es importante escribir tu misión personal, tus metas a corto, mediano y largo plazo. ¿Quieres ser CEO de una enorme compañía transnacional, o director de orquesta? ¿Ser un extraordinario escritor, o dirigir una organización de filantropía? Da lo mismo. Hasta que no definas con claridad tus metas, difícilmente podrás alcanzarlas. Como reza el dicho, “nadie se convierte en astronauta por accidente”. Las personas que saben a donde desean llegar, son las que siempre alcanzan sus metas. Y el escribirlas es el primer paso.
3. Ejecuta tu plan, y revÍsalo continuamente.
La única forma de alcanzar tus metas es intentándolo. Debes arriesgarte a vivir tu sueño, saliéndote de tu zona de confort. Como todo lo valioso en la vida, requerirá muchísimo trabajo y tenacidad. Lo interesante es que el trabajo duro lo harás de una manera u otra si quieres alcanzar niveles altos de responsabilidad. La importante es aprovechar el esfuerzo para alcanzar tus metas personales, en vez de usar tu energía en proyectos profesionales de menor envergadura. Y revisar el rumbo para poder corregirlo.
Los pasos arriba descritos no te garantizarán el éxito. Pero si los sigues, aumentará de manera considerable la posibilidad de que encuentres tu verdadera vocación, y de que dirijas tu vida profesional hacia buen puerto. Y al final del día, ¿no sería el trabajar en lo que te apasiona y tienes facilidad una muy buena definición del éxito personal? Como la historia nos ilustra, Dalí fue infinitamente más feliz que Van Gogh.
Pablo Payró
Editor
MBA Harvard 1993